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El grillo verde

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No pretendo hacer declaración política alguna con la suposición textual por el título que antecede, pues no es mi incumbencia, en este momento, dedicar larga fila de letras a personajes ocupantes de sillas con línea de mando y jugosos sueldos; máxime que la comparación pudiera pensarse en tema relacionado con alguien de partido político existente. No. Titulo como tal este escrito porque vienen a mis recuerdos la algarabía infantil y la desesperación de los adultos, cuando en cierta época del año, ingresaba por la ventana de la casa, atraído no sé porqué razones, el animalito ortóptero (vaya palabra para remitirse al diccionario) de color verde y que por antonomasia se le llama grillo, aun cuando por su color y características físicas es en realidad un saltamontes (chapulín quizás), sin dejar por ello de ser familia de aquél y de las terribles y fatídicas langostas. Pues entonces que todo el mundo se ponía de pie o se sacudía cuando en una de esas, el pequeño animal volador intentaba...

Me escribe..., no me escribe

Quizás si tuviera en mis manos en este momento una de esas flores que fueron el equivalente a los menjurjes para amarres amorosos del indio Coachiclue, del vidente Eulalio, de la síquica Amanda o sus filiales y agremiados (que también en mi juventud existían, pero no hacían uso de los medios de comunicación como ahora) ya no me concentraría para echar a volar mi yo interno en profetizar si la chica de mis ideas me quiere o no, como si  por simple extracción unitaria de pétalos y sin acercarme o intentar comunicarme con mi enamorada en ciernes fuese el único medio para volverse novio o simplemente sentir el desprecio del azar floral; sino la tomaría entre mis manos para recordar esos pasajes de alternancia en los quereres y sonreír para mis adentros recordando lo que ahora es mero acto infantil ante la madurez de mi carácter como adulto y poseedor de una profesión y un trabajo estable; recorrería con la mirada y después con mis dedos cada línea del perfil de la rosa o de la margarit...

De las faltas por la falta de ganas

He faltado al precepto que titula esta página cuando refiero la periodicidad día tras día para ordenar en filas separadas por espacios, letras que forman palabras, comunes en su mayoría y una que otra que obligará al lector a remitirse al diccionario si, como yo, es primera vez que las lee y espero que las coloque en su vocabulario coloquial. Y es que me he dado más en revisar cada texto publicado, regodeándome por las ideas formadas en cada párrafo, con cada oración o frase, sacudiendo de vez en vez la cabeza con la finalidad de que la ondas provocadas en la materia gris, muevan un poco las volutas cerebrales que contienen mis neuronas y en una de ésas generen el chispazo eléctrico que permita entender de dónde aparecen tantas cosas que plasmo en los escritos. Por allá culpo a la presunción vuelta en inspiración que me hubo obligado en su momento a expresar en gráficos legibles lo que me ocurría en interior diálogo con mi conciencia o con quien en su momento, cerca de mí atendía mis...
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El Amor ¿Alguien conoce realmente al amor?,  ¿es verdad que cuando lo sientes, el estómago se te llena de mariposas, la cabeza te da vueltas y crece una especie de ansiedad en tu interior? ¿Es verdad que hay diferentes clases de amor?, ¿diferentes formas de amar?, ¿que el individuo es capaz de amar a todo aquello que se le antoje? Pero ¿qué es el amor? Los poetas lo describen en alegorías; le refieren a la musa el término; buscan inspiración en él para formar sus versos y sus rimas; los de cuentos y novelas llenan hojas y más hojas con descripciones de paisajes y escenarios que coloquen al lector, de forma hipnótica en ellos, sintiendo la suave brisa, el suave olor del perfume de la naturaleza o la calidez que el momento provoca. El amor ¿es material?, ¿es espiritual?, ¿puedo tocarlo o tan solo imaginarlo? Si fuera un androide, por el programa que llevo en el interior,¿ jamás podría sentir amor? Y si esto así fuera, ¿habría alguien capaz de desarrollar el programa que...

Encuentro interior

Conocemos nuestro exterior porque lo vemos siempre, cada vez que nos miramos al espejo, a veces solo el rostro, a veces todo el cuerpo. Lo sentimos cuando repasamos en él los hábitos elementales de higiene, al recibir caricias del ser amado mientras escuchas el placer que esto produce. Así conoces a tu cuerpo y descubres y conoces y valoras lo que tienes, llegando incluso a no desear cambio alguno por sentirte satisfecho. Tanto esto en hombres como en mujeres, señal de que amas y eres amado. Por alguna razón conocemos nuestro interior físico ¡es que es tanta la tecnología! y observamos en vivo y a todo color, fotografías y videos de nuestro organismo oculto para saber si funciona bien o no. Recordamos aquellas ocasiones entre el ir y venir de doctores y enfermeras, de angustias de familiares, de preocupaciones de los amigos. Entre ésas y otras cosas del antes y después, nos volvemos expertos en lo que hay adentro de esa piel que mostramos al mundo. Hay sin embargo, algo más que está ...

La brevedad del ser

No sé cuanto tiempo ha transcurrido desde aquel día cuando nos despedimos pues debía cambiar de residencia. Dejaba atrás, en el Edén, a una familia amiga con la que tuve alegrías y agradabes tertulias; quedaba ella cada vez más lejos de mí pues me había embarcado al regreso a la tierra de mis ancestros, algo que se convertía en el sueño hecho realidad. Como sucede en estas despedidas, la amistad, un lazo muy fuerte que nos unió, dispuso que estaríamos en comunicación constante, que nos reuniríamos en mi lugar o en el de ellos según quien viajase hacia uno u otro sentido de las rutas trazadas. Eso no sucedió. Por cuestiones del destino, sin por ello dejar pasar la responsabilidad de las pasiones humanas que tan incomprensivos nos vuelven a todos y acabamos haciendo cosas que no debíamos, las familias amigas no sólo se separaron en la distancia, sino también sus integrantes tuvieron qué hacer lo suyo e ir en pos de nuevos e inciertos horizontes, aciagos o bendecidos, pero todos, en el ...

La curiosidad y la esperanza

Me escribe mi lector(a) anónimo el comentario casi diario y menciona el refrán de "La curiosidad mató al gato" con relación al mensaje que le envío de la esperanza de leer sus letras en el espacio requerido. Me da tema entonces para escribir. Mi punto de vista, algo que puedo gozar y celebrar en este espacio perdido en el infinito universo, me complementa el sustantivo curiosidad con el sustantivo esperanza. La curiosidad antes de matar a  cualquier felino, pienso que motiva a hacer crecer (o destruir) a la humanidad; prefiero la primera de esta opción. Es por la curiosidad que se han hecho grandes descubrimientos; es por la curiosidad que las esperanzas crecen; la curiosidad por descubrir al sexo opuesto, por ejemplo, te genera la esperanza de que algún día, alguien te amará y podrás amar también. Además no hay documentación que compruebe, testimoniales gatunos incluidos, que por ser curiosos es que los gatos mueren. En una redacción anterior refiero mis experiencias con l...