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Influencia virtual

Me he tardado en escribir; culpa de la pereza sicológica (así, sin p para ahorrar esfuerzos) que ha producido en mí, el tsunami de imágenes adicionadas de leyendas solicitantes de extender el periodo vacacional dos semanas más, de no querer regresar al trabajo, de mostrar el horror y angustia por estar ya en cuenta regresiva para el final de las vacaciones y prácticamente quedar al punto del infarto cuando se hace mención de haber llegado el último día del descanso que por ley corresponde. Derivada de un proverbio chino, la frase “Una imagen vale más que mil palabras” es reforzada con los textos mencionados que además lastiman la retina e inhiben a mi niña (la del ojo por supuesto) por las accidentales, costumbristas o exhibidoras culturales, faltas de ortografía, incluyendo a la prosodia, la sintaxis y la morfología con vergüenza de la gramática castellana. Es cierto, en su conjunto crearon espacios y tiempos de lectura y análisis que despertaron más de una sonrisa y una que otra...

Crónica de una dieta anunciada

Despierto y descubro que algo pasa. Mis movimientos son más trabajosos y culpo de ello a la edad y a la vida sedentaria a la que me he dedicado en los últimos meses. Al vestirme, noto que cada día es más difícil cerrar la cintura de mi pantalón y algo pasa con mis camisas que se han vuelto más pequeñas aparentemente. Quizás el detergente, suavizante y todos los químicos que son usados para lavar la ropa sean los causantes de este encogimiento. El espejo sin embargo, como aquél de la historia de Blanca Nieves refleja una imagen diferente a la que quisiera ver en él. Casi estoy seguro que sonríe mientras reproduce de forma simétrica la imagen de mi cuerpo en donde resalta la prominencia, nueva por cierto, del abdomen que se apoderó de mi cuerpo no sé en qué momento, pero que ahí está, luciéndose cual octavo pasajero queriendo brotar mientras destruye mis entrañas. La primera decisión atinada en ese momento es usar esos pantalones anchos que por ahí están guardados. Listo. Quedaron...

La difícil decisión de ser Maestro

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Hace ya muchos años regalé este texto a mis colegas denominados e-formadores, colaboradores todos nosotros en el ILCE a través del Programa Red Escolar, en el Primer Congreso Nacional de E-Formadores en donde tuve la oportunidad de ser ponente por nuestro Estado. Hoy descubro que el artículo ha viajado ya por todo el mundo, se ha publicado en revistas electrónicas, ha servido para reconocer a egresados de escuelas normales e incluso para sustentar ponencias y conferencias educativas en algunos países de Latinoamérica. Es producto de esa formación que recibimos en nuestra Escuela Normal, ahora Benemérita y Centenaria, Rodolfo Menéndez de la Peña, más de 120 estudiantes normalistas de mi generación, muchos más que nos antecedieron y otras centenas que nos siguieron. Es por tanto un reconocimiento a los maestros que nos formaron en las aulas, desde primaria hasta la Normal; a aquéllos que han compartido prácticas en las aulas de las escuelas donde hemos acudido; a ésos colegas que sin ego...

Nuestra máquina del tiempo

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¿Quién dice que no existe la máquina del tiempo? Yo no. Es más, junto con un grupo de condiscípulos y colegas hicimos uso de ella. Algunas veces nos costó trabajo encenderla; otras, guiar por la fecha exacta; las que más por hacer coincidir las imágenes tridimensionales que empezaban a formarse. Por estar haciendo uso del tiempo pasado, de pronto desde una fecha con 36 años, viajábamos al futuro, hacia dos años desde ahí, pero siendo todavía el pasado de 34 ciclos desde donde habíamos partido. Llegó al fin un invitado especial: nuestro embajador proveniente de la tierra de Esperanza Iris y Carlos Madrazo, asentado en el municipio de Cárdenas más allá de Samaria, pero antes de Magallanes. Sentado estaba lleno de Luz, aquélla que comparte con la gama universal. Es nuestro José Sosa, no el cantante, sino nuestro colega vecino del pozo de las codornices quien en su momento hizo uso de la tecnología futurista, al puro estilo del Capitán Kirk y del Señor Spock para el  tiempo en donde ...

La amistad virtual

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Como inmigrante digital, en los principios de la Internet y antes del surgimiento de las redes sociales, cuando sólo había la comunicación a través de pesados servidores de correo electrónico o mensajería instantánea al estilo ICQ,  Hotmail o Yahoo! por ejemplo, un maestro y ahora admirado amigo mío me comentaba, mientras esperábamos el cambio entre uno y otro sustentante de Licenciatura, que él no compartía esas herramientas que ofrecía la web pues las sentía frías, sin el toque personal de verse, escucharse. Para el caso de lo que él seguía llamando cartas, no había ya la emoción de revisar el buzón, de escuchar el aviso del cartero, de escribir a mano o a máquina de escribir el texto a enviar, ponerlo en un sobre y recordar la dirección de destino, mientras se imaginaba, haciendo uso de su geografía mental, por dónde estaba el domicilio escrito. A tantos años de distancia de esta plática, ya con igual número de años transcurridos sobre mi persona y experiencias adquiridas, ce...

Normalistas, clase 1981

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Y así, simplemente ocurrió. El acercamiento a los recuerdos juveniles dio inicio la noche en el Viejo Molino. Fuimos pocos, es cierto, pero los pocos dijimos mucho, incluso de los que no asistieron. Evocamos desde el mismo día que nos alejamos, nuestra vida personal, familiar, profesional. Hablamos de los esposos, las esposas, los hijos, los nietos, de nuestros padres. A nuestro modo cada quien dedicó una línea de pensamiento a quienes se han adelantado con nuestra hermana Muerte y están ya conociendo a Dios y, estamos seguros, educando a ángeles y querubines. Silva, Mercy, Lupita, Martín, Limberth. Faltó Carlos. Estamos pendientes para la próxima Hubieron risas a montones, pocos momentos serios y el asombro ante el relato de quien venció al tumor, a la muerte misma por su carácter alegre pero más que nada por su inquebrantable fe. Describiendo a detalle su padecer vuelto calvario, vivido con su madre quien nunca se separó del hijo ni derramó lágrima alguna o mostró tristeza para...

La famosa "bicla"

A mí han llegado a través de medios virtuales diferentes, conceptos básicos varios que identifican la época maravillosa de los que ya pasamos el medio siglo de existencia. Términos otros que nos envuelven étnicamente en la majestuosa y orgullosa definición de hijos de Yucatán. Todos en su momento me han hecho sonreír; detenerme por un momento y perderme en los recuerdos de la infancia o juventud o rememorar los tiempos cuando anduve lejos de esta Patria chica que llevo en las venas y cuya genética me hizo regresar. Me parece (y he aquí que inicia la historia de mi tierra) que en todos lados hay esos trabajadores armados con franelas rojas y encargados de acomodar en los casilleros definidos para ello, los automóviles que llegamos a ese espacio comercial por alguna necesidad apremiante o no; llamados franeleros (por su instrumento de trabajo), viene viene (por los avisos vocales ofrecidos) o acomodadores (alusión al trabajo desempeñado). Pues hoy por necesidad de pagar un trabajo enco...