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Ira ¿Ira?

La voz cambia de matiz, el brillo de la mirada es más grueso, la respiración se torna más profunda, el gesto se más agresivo. La ira te rodea, te llena. La electricidad aumetna su velocidad entre nuerona y neurona, los reflejos son menores, todo parece calculado, la adrenalina cubre tus poros, el líquido biliar secretado pone un color especial en tus ojos que siempre miro. Te llenas de ira no sabes lo que dices. Recuerdas el ayer y el presente, los hubiera, se vuelven constancia de los diálogos indiscutibles, donde tu razón es única y verdadera. Eres presa de la ira. Lo anterior y lo nuevo, lo conciente y subconciente te ahogan y aprisionan, te piden que expulses emociones, agitas las manos, agredes, la ira te convulsiona. Entonces te callas, te alejas, tus músculos inician su descanso, las hormonas y otras cosas vuelven a su nivel normal, de aceptación entre todos. Pero ya dijiste, has herido, una cicatriz se está formando. Hay quien escucha y comprend...

Cuánto diera

Cuánto diera porque el viento pudiera escucharme. Tan solo pasa a mi lado sin detenerse, mientras con su manto acaricia mi ser, revolviendo mi pelo con suave brisa que en breve instante, refresca mi ansiedad latente. No se queda quieto para hablarle, para contarle de tu ausencia en cercanía. El ritmo cordial acelera a su paso queriendo irse con él, sin conseguirlo. Quisiera que el viento mismo llevase entre sus ondas viajeras, remolinos gigantescos, la presencia mía, mi amor por siempre hasta ti, vida mía, incomparable ser amado. Intento gritar, mas sonoro gesto se pierde en el horizonte infinito de quien se mueve sin detenerse en montaña, mucho menos por una canción de amor, ilusionada. Viento es mi amor, mi amada mujer lejana. Viento te nombro por mi oración dedicarte, misma que no llega a ti por la distancia, recuperada ésta en letras que se imprimen. Cuánto diera porque en este instante, pudieras mi voz, escuchar con sentimiento. El que acongoja y feliz nos vuelve, del amor incompa...